Autoridades sanitarias se OPONEN a apertura de la FRONTERA

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Aun hay vehículos circulando por el Puente. Las cargas van a seguir pasando. Pero los brasileños quieren cierre completo.

La esperanza de que la frontera sea abierta en la primera quincena de setiembre se va diluyendo debido a la oposición de las autoridades sanitarias y de la zona y de Asunción. Estos solamente analizan la parte sanitaria y no ven que la economía está colapsada. Si no hay una salida urgente las consecuencias podrían ser peores a la del COVID19.

Personas sin trabajo, sin comida, están saliendo a las calles a protestar. Todos los días hay movilizaciones de diferentes grupos. Algunos van al extremo e intenta cometer suicidio por la situación.

Cada día hay más despidos, personas sin poder trabajar y con cuentas a pagar.

La solución para la crisis económica en la zona Este del país pasa por la apertura de la frontera.

Pero las autoridades del sector sanitario esgrimiendo argumentos reales de la situación decadente del sector se oponen a que se habrá la frontera, pero sin analizar la parte económica.

Los responsables de la Décima Región sanitaria en declaraciones a medios de prensa dijeron que no se puede permitir la apertura de la frontera en la actual condición. Esto es reforzado por sus colegas de Asunción.

Esto reiteramos, solo analizando el aspecto sanitario. Ellos no ven el problema económico cada vez más severo que se tiene en la región.

Había la posibilidad de que el Puente de la Amistad sea abierto en forma gradual, como se propone en un documento de protocolo sanitario para la retomada de la actividad comercial y turística de la zona.

Es podría a comenzar a dar oxígeno al sector económico, y desde el Gobierno inclusive se llegó a mencionar que la frontera podría ser habilitada nuevamente en la primera quincena de setiembre pero en forma gradual y con medidas sanitarias. Pero ante la posición del sector de la salud pública esto podría quedarse truncado, de acuerdo a los datos, con lo que la economía seguirá en caída libre y cada vez más vamos hacia un estallido social cuyas consecuencias podría ser peores que la del COVID19.

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